Amics de la Universitat Pública

Ahora, grados de 3 años. ¿No pueden dejar de marear?

En el mes de Enero de 2015 se aprobó un decreto ley para permitir la creación de grados de 3 años además de los grados de 4 años actuales, lo cual significa en la práctica que habrá alumnos que podrán obtener el mismo título en 3 y en 4 años. Desde Amical Universitaria queremos dar una valoración, una más, dentro de la variedad de opiniones existente al respecto.

El ministro Wert defiende que es una medida que sirve para mejorar la eficiencia y la empleabilidad. Ya es discutible que el Ejecutivo use la figura del Decreto Ley para evitar pactar mayorías parlamentarias -tan necesarias en asuntos clave como la Educación- aplicando este recurso legislativo (excepcional) discrecionalmente; pero además la modificación introducida con calzador -políticamente hablando- ha sido replicada por un dictamen del Consejo de Estado en el sentido de aminorar su efecto, es decir, en el de permitir un plazo amplio para su entrada en vigor. Ese plazo mayor no ha agradado al ministro, y el partido en el poder (en el ámbito del estado) podría encontrarse con que en la próxima legislatura los nuevos inquilinos de la cámara se retracten formalmente de esta decisión. De hecho, los rectores han acordado retrasar la implantantación de la medida hasta el año 2017, en la estela de aquel dictamen. La verdad es que la audacia del ministro es infinita: configurar un plan de estudios de una carrera universitaria no se improvisa en tres semanas.

Esta urgencia ha desatado una montón de especulaciones, obviamente. No se sabe lo que se busca. ¿Qué pretende lograr Wert con un conejo que se ha sacado de la chistera? Se dice si el sistema, en su conjunto, se volverá más caro, que si creará confusión, que si las universidades perderán estudiantes, etc., etc.

Para nosotros, el problema no radica ahí. El problema es previo. El problema es el nivel de degradación que ha alcanzado la enseñanza universitaria en España; el problema es que la educación superior sea utilizada como arma en pugnas políticas y partidistas.

Consultando las hemerotecas podemos ver cuántas reformas ha tenido la educación en España. Hay quien cifra en 7 las reformas educativas en el año 2012, otros en 13, y hay quien habla de un scrabble de leyes educativas en 30 años: “Será la séptima reforma en profundidad del sistema educativo en democracia. Ninguna de ellas se ha aprobado por consenso. Siempre han tenido los votos en contra de la oposición de turno”.

No puede jugarse de esta manera con la educación de un país que atraviesa una de las mayores crisis de su historia, un país que puede confiar sólo en la educación para que -con suerte, en una generación- pueda superar el mal trance (Llevamos seis años de crisis y no se ve el final del túnel, lo que lleva a algunos expertos a hablar de un viacrucis de doce años).

La educación, y especialmente la enseñanza superior, tendría que ser el epicentro de un acuerdo global en este momento tan delicado. Las decisiones al respecto tendrían que tomarse con el mayor consenso posible, mediante un sistema de mayorías cualificadas, y sus conclusiones tendrían que ser vinculantes. Ningún partido debería poder instrumentalizar la educación para sus propios fines. Y nos referimos a cualquier ámbito territorial: estatal u autonómico. Hay que acabar con las manipulación que convierte a la educación en un sistema de adoctrinamiento. Cualquier plan en este sentido debería ser a 20 años vista, revisables cada 10 (por ejemplo), para dar estabilidad al sistema, y permitirle amoldarse a los cambios.

Porque, ¿cómo han variado los planes de estudio de los paises europeos próximos a nosotros? Como referencia puede tomarse el opúsculo Los sistemas educativos europeos ¿Crisis o transformación? de hace unos 10 años (2005) pero muy actual por su sentido común. Respecto del sistema educativo alemán podemos leer que “Mientras que la estructura del sistema educativo no ha sufrido ningún cambio sustancial en los últimos 20 ó 30 años… no obstante sí se detectan cambios en la organización y gestión del sistema”. Sobre el sistema educativo francés, podemos leer “Fueron el régimen republicano y las leyes de Jules Ferryy (1832-1893) las que dieron lugar a la elaboración del sistema educativo que ha funcionado, a grandes rasgos, hasta la actualidad”. Afirmaciones que, oídas bajo los Pirineos, resultan inauditas. En el informe citado, sobre el sistema educativo español podemos leer que “En España existe una tradición de cambio permanente de normas educativas, especialmente las referidas a la educación secundaria. Se decía, ya a finales del siglo XIX, que no había ministro que se tuviese por tal que no hubiese redactado su propia reforma educacional…” Un compañero de Amical, a propósito de estas reflexiones, ha recordado la trágica peripecia histórica de Francesc Ferrer i Guàrdia que en 1901, con la Escuela Moderna, propuso una educación laica y popular. Fue fusilado. Lamentablemente, sus propuestas no llegaron a influir en el sistema educativo español, pero sí lo hicieron en otros países (!). De nuevo, aquí, y para las mejores ideas, nunca nadie es profeta en su tierra.

Mientras esto siga de esta manera, nos encontraremos con que cada ministro (o cada Conseller), y cada partido que llega al poder, hará su ley particular, sólo para que el mandamás siguiente la derogue y monte la suya; por supuesto, en cualquier caso, jamás sin consultar a nadie, y siempre legislando en base a resoluciones autoritarias, ya sean éstas de derechas, de izquierdas, o de fer país.

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